LA GUERRA USURPA LOS SUEÑOS Y LOS MEDIOS NOS MUESTRAN SUS HORROR

La mente humana ha sido de gran misterio para la ciencia y en especial para el individuo, el tema a desarrollar a continuación y en adelante es como ver como los estados de inconsciencia, pre consciencia y consciencia se traducen en el actuar humano, como estos estados pueden ser inducidos y como generan distorsiones mentales perceptibles o no al exterior de cada individuo, y como estas distorsiones han sido una materia prima conceptual para generar producción artística.

En primera instancia el psicoanálisis será primordial para tratar de entender la importancia de estos estados de la mente.El Psicoanálisis es un método de observación e investigación de la mente humana, que trata de comprender y explicar su funcionamiento, con la finalidad de crear ambiente terapéuticos para el individuo, es también un método terapéutico para abordar con el paciente sus conflictos y tratar sus dificultades. Como resultado de estas observaciones y esta técnica, ha sido posible desarrollar una teoría psicológica de la conducta y de la mente humana.

Dentro de los aciertos que encontramos en el psicoanálisis podemos encontrar que no todos los desequilibrios en la personalidad se deben a accidentes genéticos sino que son producto de influencias que van desde la experiencia del nacimiento, la sexualidad, los traumas (perdidas y miedos) y la manera en que la persona afronta la manera de vivir la ansiedad. En la observación de estos elementos que influyen en la conducta humana determinan pautas para generar sentimientos, fantasías y el modelo de relacionarse con otros.

La tópica prima a tratar en este blog es la del consciente, preconsciente e inconsciente y como estos influyen en el acto de soñar. La conciencia es la cualidad momentánea que caracteriza las percepciones externas e internas dentro del conjunto de los fenómenos psíquicos. El término inconsciente se utiliza para connotar el conjunto de los contenidos no presentes en el campo actual de la conciencia. Está constituido por contenidos reprimidos que buscan regresar a la conciencia o bien que nunca fueron conscientes y su cualidad es incompatible con la conciencia. El preconsciente designa una cualidad de la psique que califica los contenidos que no están presentes en el campo de la conciencia pero pueden devenir en conscientes. Los estados reprimidos son aquellos que no se les puede acceder sin una hipnosis, generalmente son revelaciones a través de imágenes retenidas durante el tiempo de vida de cada individuo.

Teniendo como base lo anterior, es necesario situarnos en la relación que existe entre la guerra y los medios desde la perspectiva del acto de soñar. Sigmund Freud hacia 1899 escribe la obra Die Traumdeutung (la interpretación de los sueños), esta obra introduce el concepto de Yo, y describe la teoría de Freud del inconsciente en lo que concierne a la interpretación de los sueños. Los sueños, desde el punto de vista freudiano, constituyen formas de “cumplimiento de deseo” — tentativas del inconsciente para resolver un conflicto de alguna clase, ya sea algo reciente o algo procedente de lo más hondo del pasado. Sin embargo, debido a que la información en el inconsciente se encuentra en una indomable y a menudo perturbadora forma, un “censor” en el preconsciente no permitirá que pase inalterada a la consciencia. Durante los sueños, el preconsciente es más laxo en este deber que en horas de vigilia, pero todavía está atento: como tal, el inconsciente debe falsear y deformar el sentido de su información para que pueda pasar a través de la censura. Así, las imágenes en los sueños a menudo no son lo que parecen ser, según Freud, y necesitan de una profunda interpretación para que puedan informarnos sobre las estructuras del inconsciente.

El sueño es un estado de inconsciencia en donde el cerebro reconstruye vivencias debido a que como el cuerpo esta en reposo el cerebro no tiene la misma actividad que cuando los individuos se enfrentan al afán cotidiano. Según Hobson “La actividad mental que ocurre en el sueño se caracteriza por una imaginación sensomotora vivida que se experimenta como si fuera la realidad despierta, a pesar de características cognitivas como la imposibilidad del tiempo, del lugar, de las personas y de las acciones; emociones, especialmente el miedo, el regocijo, y la ira, predominan sobre la tristeza, la vergüenza y la culpabilidad y a veces alcanzan una fuerza suficiente para despertar al durmiente; la memoria, incluso de los muy vívidos, es tenue y tiende a desvanecerse rápidamente después de despertarse a no ser que se tomen medidas especiales para retenerlo”. Es decir los sueños son una fusión que hace el pre consciente valiéndose de sucesos vividos en el consciente tales como un día de trabajo, el estar en casa o alguna actividad que sea tangible y la actividad del inconsciente que se debe a las emociones como la frustración, el miedo, alegría y tristeza, dándonos la posibilidad de reproducir situaciones que nos llevan a dudar del estado de realidad e irrealidad.

Hipócrates habló de las pesadillas de los soldados y Heródoto descubrió ciertos síntomas similares entre los supervivientes que habían participado en la batalla de Maratón. por supuesto el ambiente de hostilidad creaba en los individuos síntomas que los harían retraídos y en alguna manera “sensibles”, situación que seria normal debido a una serie de respuestas violentas pero ¿Qué impacto tuvieron las dos Grandes Guerras para dañar tan profundamente a quien iban al campo de batalla? La I Guerra Mundial ( 28 de julio de 1914 – 11 de noviembre de 1918) y la II Guerra Mundial ( 1939 y 1945) fueron sucesos que no solo devastaron política, social y militarmente al mundo, estas guerras desarrollaron un trauma psicológico a todos aquellos que las presenciaron no solo fuera sino dentro del campo de batalla, uno de esos síntomas que llamo la atención del psicoanálisis fue la “La neurosis del combate”  Pertenece a la categoría de la neurosis traumática definida en 1889 por Hermann Oppenheim (quien la describió como una afección orgánica consecutiva a un traumatismo real que provocó una alteración física de los centros nerviosos, acompañada de síntomas psíquicos: depresión, hipocondría, angustia, delirio, etc. Históricamente, la cuestión de la neurosis de guerra es tan antigua como la guerra misma. La idea de que las tragedias sangrientas de la historia pueden inducir en los sujetos -normales- algunas modificaciones del alma o del comportamiento se remonta a la noche de los tiempos. Todos los trabajos del siglo XX sobre los traumas vinculados con la guerra, la tortura, el encierro o situaciones extremas, confirmaron la tesis freudiana: esos traumas son a la vez específicos de una situación determinada, y reveladores en cada individuo de una historia que le es propia. En otras palabras, los períodos llamados “de trastornos” favorecen menos la eclosión de la locura o la neurosis que el drenaje de sus síntomas en forma de traumas. Por ejemplo, el suicidio explícito, la melancolía, son menos frecuentes cuando la guerra justifica la muerte heroica, y las neurosis son más numerosas y manifiestas cuando la sociedad en la que se expresan presenta todas las apariencias de la estabilidad.

Todos estos rastros traumáticos fueron un gran insumo para la literatura, el cine y la pintura que sirvieron de medios para retratar la realidad del inconsciente, que mostraron la pesadilla de vivir en el campo de batalla y el miedo constante que alberga el volver a reactivar una actividad hostil. Un miedo que se evidencio en el proceso de Guerra Fría. Libros como el Sonámbulo de Verdún de Eva Diaz Perez nos relata la vida de un desertor checo del ejército austrohúngaro que muere en el frente de Verdún en 1916 que en medio de las trinchera de la gran Guerra vive el  derrumbe de la despreocupada e indolente Viena, Praga mágica de autómatas y leyendas, atravesada por los totalitarismos; el campo de concentración de Terezín y la clínica de exterminio de Hartheim; el mundo de la demencia en Steinhof, la ciudad de los locos; la cárcel de represión comunista de Léopold. Son los escenarios para la memoria del siglo XX que se suceden a través de una saga invisible que recorre todo un siglo de la historia de Europa, mientras un joven checo, Jaroslav, tras desertar del ejército austrohúngaro aguarda en las trincheras de Verdún el fin de la batalla y de la guerra.

Peliculas como Johny got his gun (1973) de Dalton Trumbo, filmes de Stanley Kubrick com Full metal Jacket (1988) y Paths of Glory (1986) son ejemplos claros de los daños psicológicos que causa la hostilidad no solo de preparación para afrontar el campo de batalla sino la exposición a la sangre y al desprendimiento de sus “seres cercanos” que vendrían siendo sus compañeros de combate, como el daño físico perturbara y cambiara la vida de los soldados, algo muy similar a lo que le sucede a Max en Across de Universe luego de volver de Vietnam.

La pintura expresionista de Grosz, de Otto Dix, Edward Munch y en la actualidad artista instaladores como Jake y Dinos Chapman nos ilustran las deformidades, el hecho de perder una extremidad, nos relatan la Europa de la posguerra en ruinas, sus habitantes mutilados pero “victoriosos” son los rastros hostiles que quedan.

Los traumas de las vivencias cotidianas inducen nuestros sueños a modo de perturbación cosa que en nuestro inconsciente, el limite entre realidad y fantasía se vuelve mínimo, el trauma y el ejercicio de resistencia se rompe dando paso a develar la crueldad humana, a vivir en una constante pesadilla. Es la materialización del trauma la que reivindica al psicoanálisis es por eso que en lo personal a partir de este blog empieza una investigación sobre como inducir y provocar sueños vividos para así ser traducidos en obras estéticas

CIBERGRAFÍA

http://www.elmundo.es/especiales/primera-guerra-mundial/vivencias/locura-de-trinchera.html

http://www.lasegundaguerra.com/viewtopic.php?f=260&t=1034

http://www.elortiba.org/pdf/freud_interpretacion_suenios.pdf

http://www.sep-psicoanalisi.org/que-es-la-sep-2/el-psicoanalisis/

http://www.aperturas.org/articulos.php?id=217&a=La-teoria-de-los-suenos-Parte-I-una-revision-bibliografica

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